"Bible John": los asesinatos de Glasgow



“La sangre de tu hermano clama a mí desde la Tierra”.
Génesis


Patricia Docker, un ama de casa de veinticinco años, tenía una vida normal: casada y madre de un niño, trabajaba como enfermera en un gran hospital de Glasgow (Escocia). Sin embargo, necesitaba un descanso de sus ocupaciones rutinarias. Debido a que su esposo era Cabo en la Real Fuerza Aérea, estacionado en Inglaterra, ella y su hijo habían estado viviendo con sus padres por un tiempo. Ellos estaban felices por la presencia de su hija y su nieto. Por ello, Patricia les pidió cuidar de él la noche del jueves 22 de febrero de 1968, para que ella pudiera salir con sus amigos por la noche.



Patricia Docker


A algunos de ellos les gustaba ir al Barrowland Ballroom, un popular salón de baile destinado a un público de personas mayores de veinte años, quienes se divertían bailando, bebiendo unos tragos y flirteando. Esa noche, Patricia se puso un traje marca Niza, se arregló el cabello y el maquillaje, y salió a las calles oscuras de Glasgow. Por primera vez, decidió pasar primero a otro salón de baile, el Majestic, antes de ir al Barrowland. Tenía algunas molestias debido a que estaba menstruando, pero estaba decidida a divertirse. Los últimos movimientos de Patricia Docker no pudieron ser reconstruidos del todo. Por ejemplo, no fue posible identificar a todos sus compañeros de baile esa noche. Algunas personas la recordaban, pero no proporcionaron muchos detalles. Sin embargo, al parecer salió acompañada por alguien que había conocido en Barrowland, un hombre que citaba constantemente las Escrituras y que se ofreció a acompañarla a su casa.



La mañana del viernes 23 de febrero, un ebanista que se dirigía a trabajar notó algo extraño al costado del camino. Mirando más de cerca, se horrorizó al ver el cadáver de una mujer desnuda y corrió a alertar a las autoridades. Al llegar a la escena del crimen, la policía determinó que la joven había muerto hacía varias horas y que había sido estrangulada con sus propias medias. Una búsqueda rápida no encontró el resto de la ropa de la mujer o cualquiera de sus otras pertenencias personales. Los detectives dedujeron que había sido asesinada en otro lugar y el cuerpo había sido trasladado hasta allí. Los padres de Patricia Docker tuvieron que identificar el cuerpo, que había sido abandonado a pocos metros de su casa. La policía interrogó a los vecinos y recorrió la zona para tratar de hallar la ropa de Patricia y el bolso. Incluso enviaron buzos a las aguas frías del río, pero ninguna de sus pertenencias fue recuperada.






Un vecino dijo a la policía que había oído gritos pidiendo auxilio durante la madrugada, pero esa información era demasiado vaga para tener algún valor en la investigación. Cuando la policía se enteró de que un periodista había organizado una fiesta la noche del 22, cerca de la escena del crimen, habló con los reporteros y fotógrafos que asistieron, con la esperanza de que debido a su trabajo quizás se habrían fijado en algo extraño, pero no se generaron nuevas pistas. Una fotografía de una mujer policía con ropa similar a la de Patricia Docker se distribuyó en la zona con la esperanza de que alguien recordara haberla visto después de abandonar el salón de baile. Pero la investigación llegó a ninguna parte, y aunque los detectives no eran conscientes de ello, un capítulo oscuro en la historia de Glasgow había comenzado.



Los titulares sobre el crimen


Transcurrió un año y medio desde que el cuerpo de Patricia Docker fuera encontrado cerca de la casa de sus padres. Los habitantes de Glasgow habían olvidado el brutal asesinato sin resolver. La tarde del 16 de agosto de 1969, Jemima McDonald, de treinta y dos años y madre de tres hijos, los dejó con su hermana Margaret. Esa noche acudió al salón de baile Barrowland. Cuando Jemima llegó, participó realizó un ritual popular en esa época entre las mujeres jóvenes: para preservar los peinados fuertemente rociados, Jemima de trasladó a través de la ciudad, con un pañuelo que le cubría el cabello, y al llegar al salón de baile se dirigió inmediatamente al baño para quitarse los rulos y hacer los ajustes finales a su maquillaje, antes de salir a la pista de baile principal. Otros asistentes atestiguaron que Jemima pasó gran parte de la noche bailando con un hombre alto que vestía un traje azul. Tenía entre veinte y treinta años, cabello corto rojizo, ojos claros y daba la impresión de pulcritud. Algunos testigos recordaban que el hombre citaba constantemente versículos de La Biblia. Ya en la madrugada, Jemima y el enigmático sujeto salieron de aquel sitio, hacia las calles solitarias de Glasgow. Algunos más los vieron salir y perderse en la noche, caminando lentamente, conversando.



Jemima McDonald


Al otro día, Margaret McDonald estaba perpleja porque Jemima no había ido a recoger a sus hijos temprano, como había prometido. A medida que el día transcurría, comenzó a preocuparse. Pero su ansiedad la distrajo tanto, que no prestó atención a que los niños del barrio les platicaban a sus sobrinos que habían realizado un macabro hallazgo en un edificio abandonado, muy cerca de allí. Sus sobrinos se lo dijeron. Temiendo lo peor, Margaret le preguntó a uno de los chicos qué habían encontrado y dónde. Le dijeron que era una muñeca macabra, un maniquí que parecía real. Le indicaron el lugar y Margaret fue hacia allá, temiendo lo peor. Pronto descubrió el cuerpo de Jemima en el edificio en ruinas. A diferencia de Patricia, Jemima estaba completamente vestida. Sin embargo, al igual que la anterior víctima, había sido estrangulada con sus propias medias de nylon, el bolso había desaparecido, y su cuerpo fue encontrado cerca de su casa. Además, cuando la policía comparó los dos casos, descubrieron otra similitud: Jemima también estaba menstruando en el momento de su muerte.



La fachada del Barrowland


La policía hizo una investigación en la zona y trataron de interrogar a los demás asistentes a Barrowland esa noche. Resultó sumamente difícil, ya que muchos de ellos estaban casados y le habían mentido a sus esposas que iban a trabajar hasta muy tarde, cuando en realidad se habían ido a buscar ligues en Barrowland. Los seis hermanos de Jemima ofrecieron una recompensa de $100.00 libras por información que condujera a un arresto, pero nada salió a la luz. Basado en los testimonios, se elaboró un primer retrato robot. Sin pistas sólidas a la vista, la policía intensificó la investigación. En un intento de remover la memoria del público, una policía que se parecía mucho a la víctima, vestida con ropa similar, reconstruyó la última ruta conocida de Jemima. Esto brindó algunos indicios adicionales, pero no condujo a la policía a un sospechoso concreto.



El retrato robot


Como un comienzo temprano en las festividades de Halloween, Helen Puttock, de veinte años de edad, decidió pasar la noche del 30 de octubre de 1969 en el Salón de Baile Barrowland. Su esposo se ofreció a quedarse en casa con sus dos hijos pequeños, pero le pidió a su esposa que tuviera cuidado. Helen no estaba preocupada: iría acompañada de su hermana Jean. Una vez en el lugar, Helen fue abordada por un hombre alto y joven y, de acuerdo al testimonio de su hermana Jean, los dos bailaron juntos todo el tiempo. Aquel hombre aludía constantemente a las Escrituras y citaba versículos de memoria. Tenía un diente superpuesto a otro, usaba un reloj de pulsera estilo militar y vestía de azul. En la madrugada, Jean y Helen decidieron regresar a sus respectivas casas, y el nuevo amigo de Helen se ofreció a acompañarlas en un taxi. Ese breve viaje en taxi perseguiría a Jean por el resto de sus días. Durante el trayecto, Jean se enteró de que el nombre del desconocido era John. Él les contó su historia: mencionó tener una hermana y dijo que se habían criado en un ambiente religioso tan estricto, que seguía siendo capaz de citar pasajes de La Biblia de memoria. John también mencionó que mientras él jugaba mal al golf, tenía un primo que había logrado recientemente un hoyo en uno. El desconocido dijo: “Yo no bebo en Nochevieja, se los juro", y luego habló de Moisés y de la creencia de sus padres de que los salones de bailes eran "antros de perdición". También hizo comentarios negativos acerca de las mujeres que iban a lugares como Barrowland. John parecía molesto por no estar a solas con Helen, e insinuó que no le agradaba la presencia de su hermana. Luego ignoró a Jean por completo, negándose inclusive a responderle cuando ella se despidió. Una mirada triste y cansada a través de la ventanilla fue la despedida de su hermana. Después de dejar a Jean en su casa, el taxi con Helen y John se alejó; para entonces, ya eran las primeras horas del Halloween.



Helen Puttock


Entrada la mañana, un hombre que paseaba a su perro vio lo que creyó que era un montón de trapos tirados en la calle. Mirando más de cerca, descubrió el cadáver completamente vestido de Helen, y corrió a buscar ayuda. Al igual que las otras víctimas, Helen había sido estrangulada con sus propias medias y el bolso había sido robado. Al igual que con Patricia y Jemima, Helen estaba menstruando en el momento de su muerte. Pero esta vez, el asesino le había quitado la toalla sanitaria y la había puesto debajo de una de las axilas del cadáver. Además, había dejado dos claves de identificación: una marca de mordedura en el cuerpo de Helen y una mancha de semen en su ropa. En ese momento, aquellos indicios fueron útiles de manera limitada, pero serían preservados y cobrarían una enorme importancia décadas más tarde.



El cadáver de Helen Puttock


Jean Puttock fue interrogada a fondo acerca del desconocido y la policía lanzó grandes cantidades de información a los medios, con la esperanza de conseguir la ayuda del público en la búsqueda del asesino. Su capacidad de citar las Escrituras impresionó a los reporteros, que lo bautizaron como “Bible John”, un sobrenombre que aterrorizaría a Glasgow por años. Un retrato robot en color basado en las descripciones de los testigos fue creado por un miembro de la Escuela de Arte de Glasgow y ampliamente distribuido en el área. Hubo un punto cómico poco común en la creación de este retrato: durante una entrevista, un testigo observó que un perro que caminaba por allí en ese momento, tenía el color del pelo casi exactamente como el cabello de “Bible John”. Por el bien de la investigación, los policías persiguieron al sorprendido perro por las calles, hasta que lo acorralaron y recortaron una muestra de su pelo, para su utilización en la elaboración del retrato robot. Terminaron refiriéndose a él como "Bible Dog". Por primera vez en una investigación sobre asesinato en Escocia, la policía promovió el dibujo mediante los medios de información; anteriormente, los retratos hablados de los sospechosos habían sido distribuidos únicamente dentro de la policía.



El nuevo retrato robot


El retrato generó más de 4,000 llamadas de personas que afirmaban haberlo visto o que aseguraban saber quién era el hombre de la imagen. Algunos hombres que se parecían fueron detenidos e interrogados, hasta que la policía declaró que todos ellos habían prestado testimonio y habían sido liberados por falta de pruebas. Tras el asesinato de Helen, un hombre se acercó a la policía, dijo que había estado en un autobús casi vacío en las primeras horas de Halloween, cuando un hombre joven con la ropa desarreglada y arañazos en la cara subió. El hombre se apeó en una parada de Gray Street, en Sauchiehall Street. Luego se fue en dirección al ferry para cruzar el río Clyde, en el lado sur de la ciudad. La policía registró la zona, pero no encontró nada.



Jean Puttock


El marido de Helen hizo un llamamiento público para que el asesino se entregara, pero por supuesto, “Bible John” no le hizo caso. También ofreció una recompensa que representaba la mayor parte de sus ahorros. La BBC emitió una recreación de la última noche de Helen con una mujer policía como sustituta y la actuación de un hombre que había sido interrogado debido a su gran parecido con el retrato del asesino. El cabello corto de “Bible John” sugería su pertenencia a una rama de las Fuerzas Armadas. La policía interrogó a los odontólogos acerca de los pacientes masculinos que tuvieran los dientes superpuestos. Y en todos los campos de golf del país, se estableció contacto para ver si la historia de “Bible John” acerca de un primo que recientemente había conseguido un hoyo en uno podría utilizarse para encontrar al asesino. Un periódico de Glasgow contrató a una psíquica holandesa que había sido útil en casos similares en el pasado. Se le dio el nombre de Helen, la edad y la ubicación de su cadáver, y la psíquica dibujó un croquis muy detallado de un barrio de Glasgow, que posteriormente fue buscado sin resultado.








En un momento, más de cien agentes de policía estaban trabajando en el caso y más de 50,000 declaraciones se habían recogido. Al hacer frente a la abrumadora respuesta del público, la policía también realizó numerosas entrevistas a los conductores de autobuses y taxis, pero no encontraron al conductor que esa noche había llevado a las hermanas y al presunto asesino. Los oficiales más jóvenes comenzaron a ir de incógnito a Barrowland, fingiendo ser amantes de la diversión y el baile, buscadores de ligues, mientras trataban de identificar a algún sospechoso. A mediados de 1970, un psiquiatra de Glasgow produjo un perfil criminal afirmando que “Bible John” era un hombre mojigato, a quien le gustaba ir al cine solo y leer sobre temas obscuros, que iban desde el nazismo a la brujería. Jean Puttock fue llamada en más de 250 ocasiones para ver a sospechosos que encajaban con la descripción, pero nunca pudo identificar positivamente a ninguno. Durante mucho tiempo, aunque la investigación continuó, no hubo arrestos.



Cartel de búsqueda de “Bible John”


Los crímenes de “Bible John” y el misterio que lo rodeaba comenzaron a diluirse cuando la nueva década comenzó. Aunque sólo los asesinatos de Patricia, Jemima y Helen fueron atribuidos a “Bible John”, se especuló que otros crímenes similares fueron cometidos también por él. En 1977, otro asesinato sacó al fantasma de “Bible John” de nuevo a la luz pública, porque la víctima había pasado su última noche en un salón de baile de Glasgow y fue estrangulada y encontrada sin su bolso. Además, estaba menstruando. Pero la policía decidió no alarmar a la población, y aseguró que se trataba de una coincidencia. En 1983, un ciudadano de Glasgow contrató a investigadores privados para tratar de localizar a un viejo amigo de la infancia, que se parecía al asesino. Los investigadores lo localizaron en Holanda. Tras ser interrogado, fue absuelto.



Un hombre conocido en los expedientes como “John M.” y cuyo verdadero nombre era John Irvine McInnes, fue uno de los sospechosos que desfilaron ante Jean Puttock para su posible identificación, aunque ella no lo reconoció. Su parecido con el boceto de la policía era notable y con el paso de los años, a pesar de que se invertían menos recursos y agentes en tratar de resolver aquel caso, McInnes siguió siendo considerado un sospechoso. Su nombre surgía constantemente en la investigación. McInnes, que había servido en la Guardia Escocesa, se suicidó a los 41 años de edad en 1981. En la década de los noventa, la criminología forense había progresado hasta un punto no imaginado en la década de los sesenta, y la policía de Glasgow quería usar la marca de mordedura en el cuerpo de Helen y el semen encontrado en la ropa, para probar la posible participación de John Irvine McInnes. Después de obtener un resultado aproximado en una prueba de ADN, utilizando para ello una muestra de uno de los hermanos del sospechoso, la policía solicitó la exhumación del cadáver.



En febrero de 1996, la investigadora Marie Cassidy, de la Universidad de Glasgow, supervisó la exhumación del cadáver de McInnes de su tumba y tomó muestras para la comparación de ADN con las pruebas halladas en la escena del crimen de Helen Puttock. Marie Cassidy declaró al Daily Record que estaba segura de que la prueba mostraría sin dudas "si se trata de ‘Bible John’ o no", y mostró su confianza en el procedimiento. "Si las pruebas de ADN hubieran existido en los días de ‘Jack el Destripador’, las cosas habrían sido muy diferentes". Incluso antes de la prueba de ADN fuera completada, varios periódicos daban por sentado que John Irvine McInnes era el criminal; algunos medios sensacionalistas se referían a él como “El Cadáver Asesino”. Lamentablemente, los medios de información se ensañaron con la familia del sospechoso muerto. Convirtieron a sus familiares y parientes en el centro de atención no deseada, con sus hijos siendo acosados por los reporteros, buscando declaraciones antes de la prueba se hubiera completado. Muchos amigos y conocidos de McInnes concedieron entrevistas sobre si creían que él podía haber sido el asesino y su vida se examinó bajo el microscopio, ventilándose en los titulares de los tabloides.



Marie Cassidy


El marido de Helen Puttock, a quien los medios habían convertido en una casquivana, fue entrevistado el 5 de febrero de 1996 por el Daily Record. Criticó la imagen de su esposa pintada por algunos medios. "Ella era una mujer muy dulce. Eso es lo que más duele. Fue una madre excelente y una muchacha vivaracha”. El 5 de julio de 1996, el Daily Record informó que "la Ley Oficial Superior de Escocia declaró oficialmente que las pruebas de ADN realizadas a John Irvine McInnes determinaron que no existe correspondencia con las manchas de semen encontradas en la ropa de Helen Puttock. Tampoco corresponde la marca de mordedura en el cuerpo". Al día siguiente, el Daily Mail publicó una declaración formulada por Jean Puttock, donde ella decía que "siempre supo que McInnes no era el asesino de Helen y que en varias ocasiones le dijo a la policía que sospechaban del hombre equivocado, pero que no le habían hecho caso". El Gobierno pidió disculpas públicas a la familia del hombre, pero no les dio una compensación, ni los libró del escarnio público al que fueron sometidos. Otra vez y como en tantas ocasiones, la policía había perseguido obsesivamente a un culpable creado por ellos. El cadáver de John Irvine McInnes fue vuelto a sepultar y la investigación se estancó durante ocho años más.



Nuevo retrato de “Bible John” elaborado por Ed Carlile


En diciembre de 2004, la búsqueda de “Bible John” regresó a los titulares cuando el Sunday Mail informó que se habían tomado nuevas pruebas de ADN para compararlas con una persona de Glasgow. La policía no reveló el nombre del nuevo sospechoso, probablemente para no repetir el circo mediático creado en torno a McInnes años atrás. Pero un portavoz de la policía declaró con confianza que "la ciencia va a resolver estos asesinatos. No tenemos ninguna duda de eso". El 12 de diciembre de 2004, la policía anunció que las nuevas pruebas de ADN llevaron al descubrimiento de una semejanza del 80% en una muestra tomada en la escena de un crimen menor durante 2002. El nuevo sospechoso se llamaba Peter Tobin, tenía 61 años, procedía de Glasgow y en 1991 cruzó Gran Bretaña hasta Margate, en la punta sureste, con el cadáver de una joven de 15 años, llamada Vicky Hamilton. Pero el sospechoso estaba prófugo.



Finalmente, Peter Tobin fue capturado en 2006 por violar y apuñalar a una chica polaca, Angelina Kluk, cuyo cadáver fue encontrado escondido detrás de un confesionario. La policía rastreó todas las casas que Tobin ocupó, una docena desde los años sesenta. En el jardín de una de ellas en Margate, Kent, se encontraron los huesos de dos mujeres jóvenes: Dinah McNicol, de dieciocho años de edad, desaparecida dieciséis años atrás; y Vicky Hamilton, de quince años de edad, que desapareció en 1991.



Vicky Hamilton


Las dos fueron estranguladas y descuartizadas. Tobin fue sospechoso además del asesinato de Jessie Earl, que desapareció en 1980 de Eastbourne, East Sussex, y cuyos restos fueron hallados nueve años más tarde. Tobin había vivido ahí. El perfil de Peter Tobin era semejante al del misterioso “Bible John”: Tobin era un predicador, de suaves maneras y hablar dulce. Su rostro era muy semejante al retrato robot que en su día hizo la policía.






Peter Tobin


Las jovencitas lo seguían como a un padre, fascinadas por sus constantes citas bíblicas. Tobin enterraba a sus víctimas en las viviendas que habitaba. Disfrutaba su vida y rezaba en el mismo lugar que había llenado de tumbas clandestinas. Su nombre figuraba en el registro de delincuentes sexuales. Había sido arrestado por violación y condenado en 1993.



Angelina Kluk



Además, Tobin se fue de Glasgow en 1969, el mismo año en que los asesinatos terminaron oficialmente. En una entrevista con un psiquiatra de la policía, Tobin admitió que había matado a 48 mujeres. Cuando se le preguntó acerca de esto, dónde estaban los cadáveres, él contestó: "Encontrarlos es su trabajo. Háganlo. Y probarlo también".



Pese a que los crímenes de Peter Tobin fueron esclarecidos, la policía nunca determinó si él realmente fue “Bible John”. Pese a las coincidencias, los resultados nunca fueron determinantes. Muchos señalaron que las autoridades querían colgarle los viejos asesinatos a Tobin, como una manera de cerrar el caso. Peter Tobin siempre negó ser “Bible John”, pese a haber admitido los demás crímenes. De esa forma, la historia del misterioso criminal de Glasgow se incorporó a la galería de los asesinos desconocidos, de los crímenes sin resolver.





BIBLIOGRAFÍA:







Ray y Faye Copeland: "Los Granjeros Asesinos"



“Apenas el alba comienza a aclarar,
la tierra mojada me voy a labrar…”

Julia A. Crespo


Ray Copeland nació el 30 de diciembre de 1914, en Harrison, Arknsas (Estados Unidos). Ese año estalló en Europa la Primera Guerra Mundial. Sus padres, Jess y Laney Copeland, se mudaban con frecuencia aunque al final se establecieron en Ozark Hills, Arkansas. En ese momento, la madre de Ray había dado a luz a una hija y a otro hijo.



Ray Copeland


La Gran Depresión tras el crack bursátil de 1929, llevó a la ruina y la miseria a miles de familias estadounidenses. Para sobrevivir, cada miembro tenía que contribuir a la raquítica economía familiar. Ray Copeland no fue la excepción y durante el cuarto grado de escuela, abandonó los estudios para ayudar en la pequeña granja familiar. Se sabe muy poco acerca de los años de adolescencia de Copeland, pero los amigos de la familia lo describirían como “un chico terco y desobediente”.



La carrera delictiva de Copeland comenzó a la edad de veinte años, cuando se robó dos cerdos propiedad de su padre y los vendió en otra ciudad. Este lo descubrió más tarde, pero no hizo una acusación formal. Durante los años siguientes, Ray Copeland continuó cometiendo pequeños robos. La mayoría de sus actividades ilegales giraban en torno al abigeato (robo de ganado), pero luego empezó a cometer delitos más graves. En 1936, fue detenido en Harrison, Arkansas acusado de falsificar cheques del gobierno. Más tarde fue condenado a un año en la cárcel del condado. Después de cumplir su sentencia, Ray Copeland volvió a la granja de sus padres. No existe registro público de sus actividades durante los siguientes tres años, de modo que se presume que logró mantenerse alejado de los problemas durante ese tiempo, o que fue más cuidadoso a la hora de delinquir.



Della Faye Wilson nació el 4 de agosto de 1921 en Harrison, Arkansas (Estados Unidos). Durante la primavera de 1940, las cosas comenzaron a mejorar para Ray Copeland. En una visita de rutina a un consultorio médico conoció a la joven Faye. La chica rubia de diecinueve años de edad, era la hija de Rufus y Gladys Wilson, una pareja que se distinguía por trabajar duramente.



Faye Wilson


Los padres de Faye tenían muy poco dinero, pero lograron alimentar a siete hijos pese a vivir hacinados en una cabaña con piso de tierra. Ray y Faye rápidamente congeniaron y menos de seis meses después se casaron. Al año de su boda, la pareja tuvo un hijo, a quien llamaron Everett. Dos años más tarde, Faye dio a luz a otro niño, Billy Ray.



En 1944, Ray Copeland decidió trasladar a su familia al condado de Fresno, California. Al año siguiente, su única hija, Betty Lou, había nacido. Dos años más tarde, en 1947, tuvieron un cuarto hijo, Al Copeland.



Al Copeland cuando era niño


En 1949, Faye dio a luz a su quinto hijo, William Wayne. Ese mismo año, Ray fue acusado de robar los caballos de una granja local. No se presentaron cargos, pero la reputación de los Copeland fue severamente dañada. Debido a la sospecha de robo de caballos, Ray no pudo encontrar un trabajo estable, por lo que finalmente se mudó con su familia a Arkansas.



Ray y Faye Copeland


Los Copeland llevaban menos de un mes viviendo en Arkansas cuando Ray fue arrestado por abigeato. Acusado de robo de ganado a gran escala, fue declarado culpable y condenado a un año de cárcel. A su salida de prisión, se mudó con su familia a Rocky Comfort, Missouri. El cambio de escenario no ayudó y en 1951, Ray fue arrestado de nuevo por abigeo. Fue condenado a trabajos forzados en la granja de los jueces.



En 1953, Ray se trasladó con su familia a Illinois. Durante los siguientes ocho años, los Copeland se trasladaron de ciudad en ciudad y Ray fue arrestado al menos en tres ocasiones por extender cheques sin fondos. Multas y penas de cárcel hicieron poco para disuadir a Ray, y continuó incursionando en actividades ilegales. En 1961, Ray pagó por veinte cabezas de ganado con un cheque por $2,960.00 dólares. El vendedor no tardó en descubrir que el cheque no tenía fondos, y Ray fue arrestado y condenado a nueve meses de prisión. Inmediatamente después de su liberación, Ray giró otro cheque sin fondos en la compra de diecinueve cabezas de ganado. Fue nuevamente arrestado y condenado a nueve meses en la cárcel.



Ray Copeland tras una de sus múltiples detenciones


Después de su último período carcelario, Ray finalmente llegó a la conclusión de que algo tenía que cambiar. Había pasado más tiempo como prisionero que como un hombre libre. Pero en lugar de modificar su conducta delictiva, decidió que tenía que cambiar sus métodos. Durante el verano de 1966, Ray decidió que era hora de mudarse una vez más, y llevó a su familia a Missouri. Al año siguiente, el clan Copeland compraba una pequeña granja con cuarenta acres de tierra.



La granja Copeland




Pagaron $6,000.00 dólares por su nuevo hogar, que se ubicaba en Mooresville, Missouri. Tenían una necesidad desesperada de dinero, así que Faye pronto tomó un trabajo en una fábrica de guantes. En el transcurso de los siguientes años, muchos de los vecinos empezaron a detestarlos. Veían a Ray como a un viejo tacaño y sospechaban que golpeaba a su esposa e hijos. De hecho, utilizaba una cadena para golpearlos y en ocasiones los sujetaba con grilletes. A su hijo Al lo golpeó con tanta fuerza, que le causó una lesión en la espalda que le duraría toda su vida.



Los grilletes usados por Copeland


Pese a su personalidad antisocial, Ray tenía muy buen ojo para el ganado y sabía mucho sobre el tema. Su único problema es que no tenía dinero. Ya en la década de los setenta, Ray comenzó a pensar los detalles de su nuevo plan. Sabía que no podía seguir girando cheques sin fondos. Nunca se había salido con la suya en el pasado y lo último que quería era ser enviado a la cárcel. Su historial de arrestos era lo suficientemente largo y otra detención podría costarle un período considerable en prisión. Sabía que no podía arriesgarse a hacerlo de nuevo, y se preguntó si podría convencer a alguien de que lo hiciera por él. Alguien que nadie conociera y que pudiera desaparecer sin despertar ninguna sospecha. El plan necesitaba pensarse, pero estaba seguro de haber tropezado con algo factible.






La familia Copeland


Una noche, según declaraciones posteriores, Ray se despertó con una idea. Convertiría en sus cómplices a aquellos que no podrían negarse: los vagabundos que continuamente deambulaban por calles, carreteras y granjas. No fue difícil convencerlos: a cambio de una comida caliente, un baño, ropa limpia, un sitio para dormir y un par de dólares, accedían a ayudarlo. Ray Copeland comenzó a aparecer en las subastas de ganado, acompañado de los vagabundos. Cada quien llegaba por su lado. Los dos hombres se sentaban en los lados opuestos durante las pujas, y Ray hacía una señal cada vez que le interesaba adquirir una recua en particular.



Cuando llegaba el momento de realizar la compra, el vagabundo extendía un cheque del talonario de Ray, firmándolo con su nombre. El cheque rebotaba, pero para entonces Ray ya había vendido el ganado. Cuando la policía lo confrontaba, Ray afirmaba no tener conocimiento de la compra y proclamaba su inocencia, señalando que las firmas de los cheques no eran la suya, ni se habían escrito con su letra. Por lo tanto, no se podían presentar cargos contra él.



Faye Copeland




El engaño no era muy sofisticado, pero fue capaz de llevarlo a cabo docenas de veces. Ray utilizó siempre a un vagabundo diferente. Todos ellos se marchaban después de la venta. Ray Copeland sintió que había concebido el plan perfecto, pero no contaba con la determinación de la policía local para probar su participación en las estafas de ganado.





Los investigadores finalmente localizaron a uno de los vagabundos. El hombre, Gerald Perkins, fue amenazado hasta que accedió a cooperar con los detectives, y les proporcionó una descripción detallada de los sistemas de Ray. Copeland fue arrestado de inmediato y terminó sentenciado a dos años de cárcel por falsificación de cheques. Después de su salida de la cárcel, Ray logró mantenerse fuera de problemas durante varios años. Aún pensaba que su plan había sido un éxito, pero que requería de algunos ajustes menores.



Ray y Faye



A mediados de 1980, Ray Copeland había modificado su anterior esquema y decidió ponerlo en marcha. Seguiría usando a los vagabundos, pero no se girarían cheques de su cuenta. En cambio, consiguió un apartado postal de correos y abrió una cuenta a otro nombre. Los vagabundos giraban ahora cheques sin fondos no rastreables, compraban el ganado y Ray lo vendía. Los cheques conducían siempre a un nombre falso y a un apartado postal.



Para evitar que la policía encontrara a algún otro vagabundo, Ray Copeland decidió matarlos. Cada vez que cumplían su cometido y adquirían las cabezas de ganado, Copeland los invitaba a comer a la granja, donde los ejecutaba con un disparo en la parte posterior de la cabeza.



Después de matarlos, Ray Copeland los enterraba en sus tierras. Nadie pasaba por allí, así que el lugar era ideal para aquella labor. Se cree que a muchos los descuartizó para enterrar los cadáveres en sitios lejanos o arrojarlos al pozo ubicado en su propiedad.



El 20 de agosto de 1989, la línea directa del Nebraska Crime Stoppers, recibió una llamada de Jack McCormick, de cincuenta y siete años de edad. Recientemente había huido de Missouri, donde había sido testigo de varios acontecimientos que lo hicieron temer por su vida. Había trabajado en una granja perteneciente a una pareja de ancianos llamados Ray y Faye Copeland, que se utilizaba para cometer fraudes con la compra venta de ganado.



Jack McCormick



En un principio, McCormick no estaba al tanto de las actividades ilegales, pero intuyó lo que estaba pasando. Ray Copeland se dio cuenta de sus sospechas y trató de matarlo, motivo por el cual huyó. A medida que la conversación llegaba a su fin, McCormick mencionó que había visto algunos huesos humanos en la granja. Las autoridades de Nebraska, escépticos ante la historia, notificaron a los detectives de Missouri.



Ray Copeland tenía un largo historial de detenciones por falsificación y robo de ganado, de modo que en Missouri las autoridades tomaron el asunto muy en serio. Durante los siguientes meses, reunieron pruebas y declaraciones de McCormick, las cuáles fueron utilizadas para conseguir una orden de registro.



El arma


En la mañana del 9 de octubre de 1989, el sheriff Leland Odell, junto con cuarenta oficiales de policía, varias excavadoras y equipos de sabuesos, se presentaron en la Granja Copeland. Con un área tan grande para cubrir, Odell necesitaba toda la ayuda posible. Después de pasar una semana recorriendo la granja y las propiedades de los alrededores, los investigadores no habían encontrado ninguna evidencia para respaldar la historia de McCormick. Algunos comenzaban a preguntarse si no habían cometido un terrible error.






Las investigaciones en la granja






Sin embargo, el 17 de octubre, los investigadores finalmente descubrieron tres cadáveres, enterrados en tumbas separadas dentro de la granja. Posteriormente fueron identificados como Paul Jason Cowart, de Dardanelle, Arkansas; John W. Freeman, de Tulsa, Oklahoma; y Jimmie Dale Harvey, de Springfield, Missouri. Los tres habían muerto de un disparo en la parte posterior del cráneo.



Las víctimas: Paul Jason Cowart y John W. Freeman



La semana siguiente, los investigadores buscaron en el granero. Más de una docena de agentes pasaron varias horas revisando 2,000 pacas de heno, que se apilaban bajo el alto techo. Los investigadores descubrieron un nuevo cadáver, envuelto en plástico negro bajo el suelo del establo. La víctima también había sido asesinada con una sola bala en la parte posterior de la cabeza. Más tarde fue identificado como Wayne Warner, de edad indeterminada.



Las víctimas: Jimmy Dale Harvey y Wayne Warner



Durante un cateo en la casa, los investigadores confiscaron un rifle calibre .22. Las pruebas de balística revelaron que era el arma utilizada en los asesinatos. Los investigadores también descubrieron una lista manuscrita de los vagabundos, escrita por Faye Copeland. Doce de los nombres habían sido tachados con una “X”. Cinco de esos hombres aparecieron muertos, y los investigadores sospecharon que los demás, también desaparecidos, habían sido asesinados. Además, la policía encontró una colcha, que Faye fabricó con la ropa de los hombres asesinados, y que el matrimonio utilizaba en su cama.



La lista de Faye


Cerca del final de las pesquisas, los investigadores hicieron un descubrimiento final. Al revisar el viejo pozo, cerca de donde fue encontrado el cuerpo de Wayne Warner, descubrieron el cadáver de otro hombre. Fue identificado como Dennis Murphy. Al igual que los demás, su muerte se produjo por un disparo en la parte posterior de la cabeza.



Las víctimas: Dennis Murphy


El matrimonio fue arrestado de inmediato. Los fiscales se apresuraron a ofrecer a Faye Copeland un acuerdo: si declaraba contra su esposo y ayudaba a los investigadores a encontrar los demás cadáveres, sólo la acusarían de conspiración para cometer asesinato y pasaría unos pocos meses en la cárcel. Pero Faye afirmó no tener ningún conocimiento de los asesinatos. Dada su negativa a aceptar el trato, Ray y Faye Copeland fueron acusados de cinco cargos de asesinato en primer grado.



El arresto de Ray Copeland




Los fiscales no quería correr ningún riesgo y Ray Copeland fue enviado a un hospital psiquiátrico para su evaluación. Lo último que querían era un alegato de la defensa, basado en la demencia. Por su parte, la Oficina de Defensores Públicos sabía que sería difícil defender a la pareja, por lo que solicitó una moción para que los casos fueran juzgados por separado. Nadie sabía con certeza la dirección que el juicio tendría, pero todo el mundo sabía que Faye tendría una mejor oportunidad si iba por su cuenta.



El arresto de Faye Copeland



La acusación quería demostrar que los asesinos recibirían un castigo ejemplar, así que en vez de pedir prisión perpetua, solicitaron la pena de muerte en ambos casos. El 1 de noviembre de 1990, Faye Copeland, de sesenta y nueve años de edad, fue a juicio. La defensa de Faye alegó que había sido su esposo quien había cometido los asesinatos sin su conocimiento. Aseguraban que ella era a la vez una espectadora y una víctima del Síndrome de la Mujer Maltratada, dado que Ray Copeland la había golpeado y sobajado durante décadas. Como prueba de su culpabilidad, la Fiscalía presentó la lista escrita por la anciana, así como el edredón descubierto durante la búsqueda en la granja.




El jurado no lo pensó mucho, sobre todo al saber que Faye no había querido testificar contra su esposo, ni ayudar a la policía. La declararon culpable de los cinco cargos de asesinato en primer grado. La juez la condenó a muerte por inyección letal por cuatro de los cargos, y a cadena perpetua sin libertad condicional por el quinto. Al escuchar la sentencia, la anciana Faye Copeland lloró desconsoladamente.



Faye Copeland tras la sentencia


La mañana después del veredicto de Fayes, un sheriff involucrado en el caso transportó a Ray Copeland al hospital de Kansas City para otro examen mental. Durante el viaje, el sheriff comenzó a conversar con Ray sobre el juicio de su esposa Faye. Le preguntó si se había enterado del veredicto y Ray Copeland respondió que no. “Bueno, la encontraron culpable y la ejecutarán, Ray”, contestó el sheriff. Al escuchar aquello, Ray Copeland se encogió de hombros y respondió: “Bueno, ya sabe, esas cosas le pasan a algunos”. Ray nunca volvió a mencionar a Faye en toda su vida.



Ray Copeland durante los interrogatorios



El 7 de marzo de 1991, Ray Copeland, de setenta y seis años, fue a juicio. Después de semanas de declaraciones y la admisión de las pruebas de balística, el jurado lo halló culpable de los cinco cargos de asesinato en primer grado.



Ray Copeland durante el juicio




Fue condenado a muerte por inyección letal. Al escuchar el veredicto, Ray simplemente murmuró: “lo acepto”. En ese momento, Ray y Faye Copeland se convirtieron en la pareja más anciana, condenada a muerte en Estados Unidos.






Las pruebas


En 1993, mientras esperaba su ejecución en el corredor de la muerte del Centro Correccional de Potosí, Ray Copeland murió a los setenta y ocho años de edad, de un paro cardiorrespiratorio. Hasta ese día, los investigadores aseguraban que Ray había sido el responsable de otros asesinatos, que aún no se habían descubierto.



El Centro Correccional de Potosí


El 6 de agosto de 1999, el Juez de Distrito Ortrie Smith revocó la sentencia de muerte para Faye Copeland. El abogado de la anciana declaró ante el periódico Tribune de Columbia: “Las pruebas contra Faye Copeland eran muy pobres y no la vinculaban directamente con las muertes. El jurado que la condenó no aceptó la evidencia de que padece el Síndrome de la Mujer Maltratada. Faye trabaja en el invernadero en la prisión todos los días. Ella no le haría daño a una mosca. Se le puede pedir al guardia que abra la puerta y ella no representa un peligro para nadie”.



La Policía de Livingston



A pesar de que la pena de muerte ya no era un problema, el juez le ordenó permanecer en prisión por el resto de su vida. Varios grupos de mujeres activistas comenzaron a protestar por el encarcelamiento de Faye Copeland, alegando que había sufrido lo suficiente y que no representaba una amenaza para la sociedad. Sin embargo, sus peticiones de conmutar la sentencia no fueron escuchadas.



Dos semanas después de su condena, Faye Copeland dio una rara entrevista a Lee Kavanaugh del periódico Daily Star de Kansas City: "No podía tener flores en casa. Mientras estuve con él, trabajar con el ganado o con el tractor estaba bien. Sin embargo, las flores no, a él no le gustaban. No como ellos (sic). Me criaron para el amor y el apoyo de mi esposo, sin importar nada más. El hombre es el jefe de la familia. La Biblia dice que debe ser así.



“No serviría de nada decir, si Ray significa algo para mí o no. Sí, arruinó mi vida, pero eso no quiere decir que yo no fuera una buena esposa. Aunque yo nunca signifiqué algo para él. Tal vez tendríamos que habernos llevado mejor. Muchas veces él me decía que yo era una mierda. He pensado muchas veces que tal vez todo esto fue lo mejor. ¿Qué hice mal, si me iba mal? Durante mucho tiempo, no salí de mi casa en absoluto. Pero esa fue mi vida por muchos, muchos años. Yo no sabía nada más. ¿Voy a salir de la cárcel? Puedo ir con los pies por delante, pero voy a salir de aquí. Algún día”.



En noviembre de 2000, el Procurador General Jay Nixon pidió al juez Smiths y a la Corte de Apelaciones del Octavo Circuito, el restablecer la pena de muerte para Faye Copeland. Sin embargo, el Tribunal Federal de Apelaciones rechazó la solicitud. Faye se había mantenido en calma durante la mayor parte de las actuaciones, pero cuando se le preguntó si tenía algo que decir, se levantó diciendo: “Creo que he pagado ya por lo que hice o lo que sabía. Dios me perdonará por cualquier cosa que haya dicho o hecho”.



Posteriormente, el hijo de Faye y Ray, Al Copeland, habló brevemente con la Associated Press y dijo que había estado presionando para conseguir la liberación de su madre desde que fue encarcelada. “De ninguna manera en el mundo, mi mamá podría haber hecho lo que dicen que hizo", afirmó. “Mi padre sí era culpable. No tengo dudas de eso”.



Al Copeland


Al mes siguiente, Tom y Jeanette Block, fundadores del grupo “Ciudadanos del Estado de Missouri contra la Pena de Muerte”, comenzaron a luchar para liberar a Faye de la prisión. Buscaron la ayuda de la opinión pública y pidieron que la gente enviara cartas de apoyo a Faye: “Si bien estamos agradecidos de que Faye está fuera del peligro de ejecución, estamos decepcionados de que permanecerá en prisión por el resto de su vida. Tenemos una solicitud de clemencia ante el gobernador en espera, pidiendo que se conmute la condena a tiempo cumplido. Cualquier persona interesada en ayudar puede escribirle, e instamos al Gobernador a conceder nuestra petición. Gracias por su apoyo”.



Faye poco antes de morir


El 10 de agosto de 2002, Faye Copeland sufrió un derrame cerebral que la dejó parcialmente paralizada y duró semanas sin poder hablar. Después, fue dejada en libertad condicional e internada en un hogar de ancianos en su ciudad natal. Al año siguiente, el 30 de diciembre de 2003, Faye Copeland murió a los ochenta y dos años de edad por causas naturales. Dejó atrás cinco hijos, diecisiete nietos y veinticinco bisnietos. La opinión pública siempre estuvo dividida entre la convicción de que Faye era una víctima de las circunstancias, y la sospecha de que la anciana sí colaboró en los crímenes. La historia de los llamados “Granjeros Asesinos” se plasmó en una serie de historietas, Huesos de familia (Family bones), escrito e ilustrado por el sobrino de Faye Copeland, Shawn Granger. En el comic, la anciana aparece también como una cruel asesina.





VIDEOGRAFÍA:

Ray y Faye Copeland en Parejas peligrosas




HEMEROGRAFÍA:

Family bones (selección)



BIBLIOGRAFÍA:










FILMOGRAFÍA:

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